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Qué es una marisma y por qué es un ‘filtro natural’ contra inundaciones

Qué es una marisma y por qué es un ‘filtro natural’ contra inundaciones

Las marismas son uno de los ecosistemas costeros más singulares y valiosos que existen en nuestro planeta. Se encuentran en las zonas de transición entre el mar y la tierra firme, y su nombre deriva del latín maritima, lo que alude a su carácter marítimo-fluvial. A primera vista, pueden parecer simples terrenos húmedos o llanuras anegadas, pero esconden un papel fundamental en la regulación de las aguas costeras, actuando como auténticos “filtros naturales” que retienen y depuran el agua, además de amortiguar el impacto de las mareas y las tormentas.

¿Qué caracteriza a una marisma?

Una marisma es un humedal costero inundado periódicamente por la acción de las mareas. Suelen formarse en zonas de baja pendiente, donde la entrada y salida del mar crean intervalos de inundación y exposición al aire. La vegetación típica de las marismas incluye plantas halófitas —adaptadas al agua salina— como la salicornia (Salicornia europaea) y la gramínea Spartina. Este paisaje de canales, charcas y llanuras lodosas es, además, un refugio para aves migratorias, peces, crustáceos y una gran diversidad de especies.

Funciones ecológicas esenciales

Aparte de ser fuente de biodiversidad, las marismas desempeñan varias funciones clave:

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  • Regulación del ciclo del agua: actúan como esponjas, reteniendo grandes volúmenes durante las mareas altas y liberando el exceso lentamente.
  • Depuración natural: los sedimentos se depositan y las plantas filtran nutrientes y contaminantes.
  • Protección costera: amortiguan la fuerza de las olas y reducen la erosión.
  • Almacenamiento de carbono: su suelo pantanoso almacena CO₂, contribuyendo a mitigar el cambio climático.

Marismas como filtros naturales contra inundaciones

Cuando se producen crecidas extraordinarias o mareas de tormenta, la primera línea de defensa puede ser una marisma saludable. Gracias a su capacidad de retención, pueden absorber hasta cientos de litros por metro cuadrado, reduciendo el caudal que llega a las zonas urbanas o agrícolas cercanas. Además, la vegetación densa y los cauces interconectados disipan la energía del agua, transformando corrientes rápidas en flujos más lentos y controlados.

“Las marismas no solo son refugios de vida silvestre funcionan como auténticos amortiguadores hidráulicos frente a la furia del mar”, afirma la Convención Ramsar.

En palabras de la bióloga Marina López, experta en gestión de humedales:

“Un kilómetro cuadrado de marisma puede retener tanto volumen de agua como un pequeño embalse, pero sin necesidad de presas ni obras de hormigón”.

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Casos prácticos y ejemplos

En la desembocadura del Guadalquivir (España), las marismas de Doñana han demostrado su valor protector ante episodios de fuertes lluvias. De forma similar, en la bahía de Chesapeake (Estados Unidos), la restauración de marismas contribuyó a reducir las inundaciones en poblaciones costeras. Estos casos demuestran que conservar y restaurar estos espacios no es un lujo, sino una inversión en seguridad y sostenibilidad.

Comparativa de capacidad de retención de agua
Tipo de ecosistema Capacidad aproximada
Marisma 200–500 L/m²
Zona agrícola 50–100 L/m²
Suelo urbano 10–30 L/m²

Beneficios adicionales para la sociedad

Más allá de la defensa contra inundaciones, las marismas ofrecen oportunidades de empleo sostenible: pesca tradicional, recolección de sal, fabricación de productos halófitos y ecoturismo. Los visitantes acuden para observar aves migratorias, conocer las técnicas artesanales de salicultura y participar en actividades de educación ambiental. Asimismo, estos humedales contribuyen a la regulación del clima local, refrescando el aire en verano e incrementando la humedad en épocas secas.

Conservación y restauración

Lamentablemente, las marismas han sufrido drásticos retrocesos debido a la urbanización, la industria y la agricultura intensiva. Según datos del Inventario de Humedales de España, más del 50% de las marismas mediterráneas se han perdido en el último siglo. Por fortuna, iniciativas como la Convención Ramsar o los proyectos del Ministerio para la Transición Ecológica impulsan la recuperación de estos espacios y promueven su uso sostenible.

Restaurar una marisma implica retirar diques artificiales, reabrir canales y replantar especies autóctonas. El objetivo es recrear las dinámicas naturales de marea, sedimentación y salinidad, esenciales para que el ecosistema recupere su capacidad filtrante y protectora.

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Reflexión final

Las marismas nos enseñan que la naturaleza, cuando se le permite funcionar libremente, nos ofrece soluciones eficaces y económicas a problemas tan graves como las inundaciones costeras. Protegerlas y restaurarlas no solo preserva una riqueza biológica inestimable, sino que también fortalece la resiliencia de nuestras comunidades frente a los retos del cambio climático. A fin de cuentas, cada hectárea de marisma es un seguro de vida ante la furia del mar.

Si quieres saber más sobre la importancia de conservar los humedales, visita el sitio de la Convención Ramsar o consulta el artículo sobre humedales en Wikipedia.

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